Llamamos perdón al don que Dios nos dio para restaurar nuestro propio corazón herido por las ofensas. La acción de perdonar se reduce en esencia a sacar el enojo y el resentimiento contenidos contra quien nos ha ofendido. En una palabra, perdonar es sanar nuestro corazón.
Sin embargo, siendo algo tan simple y elemental, solemos resistirnos a perdonar por causa de algunos mitos que, abrazándolos, nos han impedido vivir en libertad, paz y amor. Hablemos hoy, pues, algunas de esas mentiras que urge desenraizar para poder disfrutar del maravilloso don de perdonar y vivir plenamente en amor:

Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes. (Col. 3.13)

Mito 1. Perdonar es doloroso
Cuando perdonamos echamos fuera de nosotros el enojo, el resentimiento y la amargura que son verdaderos venenos para nuestra alma, lo que equivale a sanar nuestro corazón, igual que la sanidad de un ciego, un cojo o un paralítico.
¿Has leído alguna vez que alguien sufriera dolor al recibir sanidad de mano de Jesús?
Si perdonar fuera doloroso ¿cómo es entonces que Dios se deleita en misericordia?

Mito 2. Perdonar beneficia al ofensor

Solemos negarnos a perdonar hasta no ver a nuestro ofensor humillado, postrado de hinojos y suplicando clemencia porque nos parece lo menos para hacerlo pagar por su injuria. Pero olvidamos que el perdón tiene que ver con la misericordia que nos libera y bendice; y no con una justicia que nos atormenta con la incesante búsqueda de la revancha.
Perdonar beneficia a nadie más que a nosotros mismos.

Mito 3. Perdonar es aceptar la ofensa

Nos negamos a perdonar porque creemos que es tanto como dar nuestra aprobación al agravio sufrido. Nada más alejado de la verdad. Dios perdona nuestros pecados; pero no los aprueba.
El perdón tiene que ver sólo conmigo y con mi restauración. Nunca con resignarnos a aprobar, asentir ni aplaudir una ofensa.

Mito 4. Perdonar me obliga a volver a confiar
Sanar nuestro corazón no nos obliga a restablecer el nivel de confianza que teníamos antes de ser defraudados. Como Dios que a todos nos perdona igualmente, pero a cada uno le va confiando dones y revelación conforme a su nivel de fidelidad.
El perdón se da; la confianza, en cambio, se gana poco a poco.

Mito 5. Perdonar es olvidar

Todos los que hemos perdonado a alguien aún podemos recordar qué le perdonamos. Eso demuestra que perdonar no es olvidar.
El hecho de que aún recordemos una ofensa no significa que no hayamos perdonado. Y aunque a veces sea imposible borrar de la memoria las ofensas que sufrimos, sí podemos decidir vivir como si aquello nunca hubiera sucedido por el bien del amor y nuestra sana relación.

Que el identificar y desechar estos mitos nos permita experimentar una plena restauración, para poder decir con libertad aquello de: perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos ofenden. (Lc 11.4)

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