Benjamín Franklin, vivió entre los años 1706 y 1790. Fue un político, polímata, científico e inventor estadounidense. Es considerado uno de los padres fundadores de Estados Unidos.
Benjamín Franklin no quería que sus emociones, ni sus circunstancias, ni la presión de agradar a los demás fuese lo que determinase su destino, ni definiese su persona, ni dictase su legado. Me sentí tan inspirado por la idea de que podía vivir desde mis virtudes en vez de vivir desde las circunstancias de mi vida que escribí mi propia lista de virtudes. Fue muy emocionante el proceso de visualizar para lo que había sido creado y llamado a ser para después escribir las virtudes que me capacitarían para convertirme en esa persona. Aquí encontrarás algunas de mis propias virtudes—tal vez ayuden a inspirarte también:
- Serviré a Dios primero y le honraré siempre, tanto en la vida como en la muerte.
- Seré honesto, leal, digno de confianza y hombre de palabra, sin importarme el precio.
- Mantendré mis valores a pesar de lo mucho que me cueste y, si fracaso, seré rápido en arrepentirme.
- Trataré a todas las personas con respeto, sean amigos o enemigos, porque han sido creadas a la imagen de Dios.
- Lucharé por servir a todas las personas, a pesar de sus opiniones, actitudes o persuasiones y a pesar de cómo me traten a mí.
- Seré leal a mi esposa, tanto en pensamiento como en hecho hasta la eternidad.
- Viviré para bendecir y capacitar a las generaciones venideras y dejaré una herencia tanto en el Espíritu como en lo natural para las próximas tres generaciones.
- Nunca trabajaré por dinero ni me venderé a ningún precio. Sólo me veré motivado para hacer lo que creo que es lo correcto y recibiré mi sustento de Dios. Prometo ser generoso sin importarme cuáles sean mis circunstancias.
- Viviré mi vida para sacar lo mejor que hay en la gente y para traerles a un encuentro con el Dios vivo y real.
Las virtudes nos ayudan a vivir desde dentro hacia fuera en vez de a la inversa. Ya no vivo usando el estándar de nadie. Más bien, vivo gracias a valores que guían mis actitudes que, a su vez, determinan mis elecciones. Las elecciones dictan mi comportamiento. Mi comportamiento se convierte en una manifestación de mi personalidad y mi personalidad me lleva a mi destino.
Por: Vallotton, Kris; Vallotton, Jason. Revolución Moral: La verdad desnuda sobre la pureza sexual (pp. 77-78).



